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La homofobia

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La homofobia

1. ¿Qué es?

La homofobia es el miedo, rechazo u odio irracional hacia las personas con una orientación homosexual. Como toda fobia, tiene un carácter irracional, ya que si tu le preguntas a una persona porque no le gustan los/las homosexuales, en la mayoría de las ocasiones no hay una argumentación detrás de esa animadversión y la respuesta que nos encontramos es un: “Porque no me gustan, y ya esta”. Esta irracionalidad es sobre la que hay que trabajar.

 

Pichardo y colaboradores (2007) definen la homofobia como: “Una actitud hostil que concibe y señala la orientación homosexual como contraria, inferior o anormal y a las personas que la practican como pecadoras, enfermas, malas, delincuentes, criminales o desequilibradas, llegando incluso a despojarlas de su condición de seres humanos.”

 

La homofobia no solamente afecta a las personas con orientación homosexual, sino también a aquellas que por su apariencia, actitud o comportamiento se presuponga que tienen una orientación homosexual. Y un sentido más amplio, también la sufren todas aquellas personas que no cumplen estrictamente los roles de género, es decir, lo que se supone que es propio de hombres o de mujeres.

 

El sexismo implica no solamente la subordinación de lo femenino a lo masculino, sino también la jerarquización de las sexualidades, fundamento de la homofobia. (Borrillo, 2001). Esta jerarquización de la sexualidad es lo que se denomina heterocentrismo y coloca a la heterosexualidad en el nivel superior y al resto de las sexualidades como incompletas, inmorales, patológicas o destructoras de la civilización. Esto unido a la existencia actual de diferentes formas de vivir la feminidad y la masculinidad, o directamente de no creer en los roles de género, ha hecho que se difuminen las fronteras entre lo masculino y lo femenino. Por todo ello, podemos ver que la identidad masculina actual se construye sobre la homofobia, y que la mujer lesbiana se siente como una amenaza para la civilización.

 

 

2. Tipos de homofobia

 

Encontramos otros tipos de discriminaciones relacionados con la homofobia:

 

Lesbofobia: Nombre que recibe la discriminación especifica hacia la mujer lesbiana que sufre el doble desprecio por su condición de mujer y homosexual (para un mayor desarrollo de este concepto, revisar la unidad 4 de esta guía).

 

Bifobia: Actitud negativa hacia las personas con una orientación bisexual. Las personas bisexuales en ocasiones sufren el rechazo por ambos lados, por parte de los heterosexuales que admiten que exista la homosexualidad, pero eso de que te sientas atraído por ambos sexos lo consideran “vicio”; y por parte de los propios homosexuales que consideran que los bisexuales son homosexuales que aún están pasando por el proceso de aceptación y se autodenominan como bisexuales como etapa previa a aceptarse como homosexuales, estrategia que han seguido muchos de los propios homosexuales.

 

Transfobia: Rechazo hacia las personas transexuales (para un desarrollo más amplio ver la Unidad 10 de esta guía).

 

Endodiscriminación: Discriminación que se produce dentro del propio colectivo homosexual. Los principales motivos de rechazo son: Hacia las personas que poseen más pluma o amaneramiento, rechazo o exclusión de las personas homosexuales mayores, a las personas bisexuales, etc.

 

Discriminación múltiple: Cuando en una misma persona se dan varias fuentes de discriminación como pueda ser el caso de una mujer lesbiana, inmigrante, discapacitada del ámbito rural.

 

Homofobia interiorizada: Rechazo o actitud negativa hacia la homosexualidad que se da en la propia persona con dicha orientación. Fruto de la negatividad con la que la sociedad ha cargado al hecho homosexual, las personas gais, lesbianas y bisexuales también pueden haber tenido un rechazo y una actitud negativa hacia la homosexualidad. La mayoría de los homosexuales consiguen liberar su orientación de todas esas connotaciones en el transcurso del proceso de aceptación (ver unidad 2 de esta misma guía donde se desarrolla el proceso de aceptación y el termino de homofobia interiorizada), pero algunas veces se mantienen algunos rasgos como por ejemplo personas que se han aceptado como homosexuales, pero han interiorizado el mensaje de un sector de la sociedad de que por el hecho ser homosexuales no van a poder formar una familia adecuada. Muchas veces podemos observar en estas personas el fenómeno que la sociología denomina interiorización del estigma que es la asunción de todas aquellas creencias negativas sobre uno/a mismo/a que la sociedad le adjudica.

 

 

Podríamos encontrar tres formas de homofobia:

 

  • La homofobia conductual: Es la más evidente ya que se explicitita a través de conductas tanto físicas (agresiones, aislamiento, etc.), como verbales (insultos como “maricón, “tortillera”, “marimacho”, “nenaza”, etc.) u otro tipo de manifestaciones (leyes que promueven la persecución hacia homosexuales, etc.).

 

  • La homofobia cognitiva: Pertenece al plano de las ideas y conceptos negativos sobre la homosexualidad (creencias irracionales sobre los homosexuales, estereotipos y prejuicios, etc.) (para un mayor desarrollo acerca de los prejuicios y estereotipos hacia la homosexualidad, ver la Unidad 5).

 

  • En cuanto a la homofobia afectiva, sería el plano mas profundo y muchas veces más inconsciente, que implicaría sentimientos negativos (miedo, vergüenza, asco, etc.) que experimentan las personas hacia la homosexualidad. Desde pequeños/as se nos van enseñando que comportamientos son propios de nuestro sexo y cuales no, y se va asociando una emoción negativa hacia todas aquellas conductas que transgreden la norma. Como dice S. Agustín (2009) en su Informe sobre bullying homofóbico: “El asco se aprende.”

 

Por último, cabe señalar lo que Quiles y colaboradores (2003) han llamado autodiscrepancias, es decir, sujetos que racionalmente no eran homófobos, pero encontraban dificultades para relacionarse con personas homosexuales. A esto se le denomina también homofobia sutil o falsa aceptación. Algunos ejemplos de esto lo podemos encontrar en testimonios típicos estilo: “Yo acepto a los homosexuales, ahora que mi hija no sea lesbiana” o “Yo acepto a los gais, pero no me gusta determinado gai porque es amanerado” o “permito que haya parejas homosexuales, pero creo que no deberían ir besándose por la calle.”

 

Para finalizar, queremos hacer hincapié en que hay que prestar especial atención al lenguaje homófobo. Es el mayor estresor psicológico en la vida de los/as jóvenes lgb (Thurlow, 2001; Treadway and Yoakam, 1992) y, como decía Gorgias, un filósofo griego, las palabras tienen un cuerpo muy pequeño que tanto nos puede herir muchísimo como abrirnos las puertas del cielo.

 

 

 

3. El origen de la homofobia

3.1. “La estrategia del odio”

La homofobia participa de la misma lógica que las demás formas de infravaloración como puede ser el racismo, la xenofobia, el clasismo o el antisemitismo. En un documento publicado por la organización homosexual Fundación Triángulo titulado “La estrategia del odio” se explican los pasos sobre los que se construye el odio al diferente. Como en el caso de muchas otras conductas discriminatorias, la homofobia considera al diferente no como una persona individual sino como miembro indivisible de un colectivo homogéneo al que se refiere como “los otros-salvajes” en contraposición al “nosotros-civilizados”. El siguiente paso es la deshumanización y creación de falsas imágenes sobre el otro al que se acaba considerando un peligro, son sospechosos de amenazar la cohesión cultural y moral de la sociedad: “los homosexuales pervierten a los niños”, “los homosexuales amenazan el modelo de familia tradicional”. Todo ello, conlleva a la espiral de violencia y agresión. 

 

3.2. La tradición judeo-cristiana

 

El cristianismo, heredero de la tradición judía, consolida el sistema de dominación masculina de tipo patriarcal y sitúa la heterosexualidad como la única sexualidad normal y natural. Por lo tanto, ello da lugar a una incansable persecución de la homosexualidad como nunca se hubiera visto hasta el momento. En la Biblia se deja patente: “No te acostarás con varón  como con mujer. Es abominación”. (Levítico XVIII, 22). Aunque podemos encontrar también en la Biblia relaciones homoeróticas como la existente entre Ruth y Noemí “No insistas en que te abandone, ni me separe de ti. Porque donde tu vayas yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde mueras moriré y allí seré enterrada. Que Yahvé me de este mal y añada este otro todavía, que tan solo es la muerte lo que nos ha de separar”. En la actualidad, la jerarquía de la Iglesia Católica continúa con su homofobia sin paliativos. En su documento La Congregación para la doctrina de la fe, el Vaticano recuerda que “los actos de homosexualidad son intrínsicamente desordenados y que no pueden, en ningún caso, recibir aprobación alguna”.

 

    1. Como elemento de construcción de la identidad masculina

“Ser homosexual” es “no ser hombre o ser menos hombre”, o “femenino” que, en el orden del patriarcado, es ser menos. Los hombres, en el sistema de relaciones de género tradicional, ven amenazada su identidad ante un gay y también ante una lesbiana. El rechazo y desprecio a la homosexualidad femenina también tiene su origen en la jerarquía patriarcal, pues las mujeres que no están disponibles sexualmente para los hombres cuestionan su papel dominante. No es casual, como expresa Jeffrey Weeks, que la emergencia de lo homosexual tenga lugar a la vez que la revolución de género y los cambios en la relación vida privada-vida pública implícitos en ella. Una mayor tolerancia hacia la homosexualidad se está dando a medida que se transforman los roles de género tradicionales (Weeks, 1992). Deconstruir el ideal de masculinidad tradicional es una forma de prevenir la violencia de género y también la homofobia (Barragán, 2004). Mostrar a los chicos y chicas nuevos modelos de género es mostrarles más posibilidades humanas, una diversidad de formas de estar en el mundo.

 

Muchos autores coinciden en señalar que la masculinidad se construye a través de tres actitudes básicas: La separación de los chicos de la madre para evitar la contaminación de comportamientos, actitudes y valores femeninos; la segregación desde edades tempranas para diferenciarse de las chicas y la reafirmación de la heterosexualidad y la negación de la homosexualidad. El odio hacia los homosexuales aparece como el más poderoso de los elementos de la construcción de la identidad masculina (Tognoli, 1980). Y dentro del acto sexual entre dos hombres es principalmente el “pasivo” el que crea mas rechazo porque encarna la fragilidad, la sensibilidad, la ternura del supuesto “sexo débil”. Debido a esto, muchos hombres que mantienen relaciones sexuales con otros hombres no se consideran homosexuales si asumen el rol “activo”, al igual que evitan tener sentimientos y solo limitarse a tener puro sexo para no asumir una identidad homosexual.

 

Debido a esto, en algunas personas con inclinaciones homoeróticas, surge la homofobia como refuerzo de una preferencia heterosexual frágil, en forma de agresividad contra aquello que puede tambalear los cimientos de su identidad masculina, exteriorizando el conflicto de alguna manera para que este sea más llevadero, así como evitando también la sospecha de pertenecer a dicho colectivo.

 

La consecuencia más notable de la homofobia se descubre en las dificultades de los chicos para recurrir a muestras de afectividad en su grupo de iguales, lo que a su vez provoca la ausencia de amistades “íntimas” entre hombres en general, además de asumir una serie de comportamientos nocivos para la salud de los individuos (alto consumo de sustancias tóxicas, como alcohol y el tabaco).

 

A su vez, los adolescentes experimentan problemas para comunicar sus emociones y sentimientos: Inseguridad, temor y se ven obligados a desempeñar roles que no son siempre los deseados.

 

3.4. Como elemento del diferencialismo sexual

 

Desde el siglo XVIII la idea dominante, pero de ninguna manera universal, había sido que existían dos sexos opuestos, estables, inconmensurables” (T.Laqueaur). La reivindicación del derecho al matrimonio y la filiación para los gays y las lesbianas ponen en cuestión la dicotomía masculino/femenino, soporte del orden sexual actual (M. Iacub). Por todo ello, la homofobia diferencialista pretende alejar a los homosexuales del derecho común (especialmente del matrimonio) para salvaguardar la supremacía normativa de la heterosexualidad (Borrillo, 2001).

3.5. El fantasma de la desintegración social

El fantasma de que una permisividad de los actos homosexuales llevaría a su expansión y, con ello, a una disminución demográfica drástica, alimenta la homofobia. Esto unido a la idea de que las personas homosexuales serían individuos desenfrenados poseídos de un narcisismo egoísta.

 

 

4. Perfil del sujeto homófobo

Existe mayor grado de rechazo hacia los gays en los hombres que en las mujeres (M.E. Kite, 1984), no así hacia las mujeres lesbianas, cuyos datos de aceptación se igualarían por sexos. Además, se da más la homofobia en aquellas personas que poseen una rigidez en los roles de género (K. Black y M. Stevenson, 1984). Del mismo modo, el sujeto homófobo tiende a compartir odio con otras minorías, soliendo ser personas racistas y xenófobas e, incluso, se percibe cierta misoginia. Expresar actitudes restrictivas hacia los roles de género. Tener pares que manifiesten actitudes negativas. Tener fuertes creencias religiosas y una ideología conservadora. Ser personas autoritarias. Se da mas en aquellas personas que tienen menos contacto con otros homosexuales. Pero sin duda, la mayor violencia homófoba se ve en aquellas personas que lucha contra sus deseos homosexuales, es decir, a través del rechazo a los homosexuales está luchando contra la parte de el mismo que le gustaría ver desaparecer (Herek, 1988).

En cifras:

  • A un 20 % de los encuestados les molestaría tener como vecino a una persona homosexual.
  • Un 24 % no cree que las parejas homosexuales deban tener los mismos derechos que las heterosexuales.
  • Un 11% no cree que la homosexualidad sea una opción tan respetable como la heterosexualidad.

Centro de Estudios Sociológicos, CIS. 2004.

¿Sabías qué…?:

El Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia se celebra el 17 de mayo con motivo de la eliminación de la homosexualidad como enfermedad en las listas de la Organización Mundial de la Salud este mismo día en el año 1990. Este día tiene como objetivo promover acciones de sensibilización para luchar contra la homofobia, la bifobia y la transfobia en los diferentes países del mundo. Del mismo modo, el objetivo es que sea declarado como tal por parte de la ONU (Organización de las Naciones Unidas).

 

Bibliografia:

Barragán Medeo, F. (2004) Masculinidades e innovación educativa: de la homofobia a la ética del cuidado de las personas, en Lomas, C. (comp.): Los chicos también lloran. Identidades masculinas, igualdad entre los sexos y coeducación, Barcelona. Paidos.

Barragán Medeo, F. (2004). Violencia, género y cambios sociales. Un programa educativo que promueve nuevas relaciones de géner, Málaga: Aljibe.

Borrillo, D. (2001) Homofobia. Bellaterra.

Platero, R. y Gutierrez Ceto, E. (2007). Herramientas para combatir el bullying homofóbico. Talasa.

Agustín, S. (2009). Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico. Cuaderno Plutal 2. Fundación Triángulo.

Centro de Investigaciones Sociológicas C.I.S. (2004). Barómetro de Junio. Estudio nº 2568.

De la Rosa, B (coord.) (2007) El amor y el sexo no son de un solo color. Guía didáctica. Federación de Enseñanzas- Comisiones Obreras, COGAM y FELGTB.

Herek, G.M. (1988). Heterosexuals´attitudes Howard lesbians and gay men: Correlates and gender differences. The Journal of sex Research, 25 (4) 451-457. 

Pichardo, J.I, Molinuevo, B.; Rodriguez, P.O. Martín, N. y Romero, M. (2007). Actitudes ante la diversidad sexual de la población adolescente de COSLADA (Madrid) y San Bartolomé de Tirajana (Gran Canaria). Ayuntamientos de Coslada y San Bartolomé de Tirajana, FELGTB.

Thurlow, C. (2001). Naming the “outsider within”: Homophobic pejoratives and the verbal abuse of lesbian, gay and bisexual high-school pupils. Journal of adolescence, 24. 

Weeks, Jeffrey (1992). El malestar de la sexualidad. Madrid: Talasa. 

 

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